Alimentación en la vejez

Cuidadora del personal asiste con la alimentación a una adulta mayor en cama, sosteniendo un plato de comida

Una buena alimentación en la vejez previene desnutrición y sarcopenia, favorece movilidad y recuperación, y sostiene la autonomía diaria

Proteínas, hidratación y rutinas: el valor de comer bien en comunidad

En la vejez son frecuentes la pérdida de apetito, polifarmacia y comer a solas; todo ello eleva el riesgo de desnutrición y sarcopenia. En Chile, el Minsal recomienda 1–1,5 g/kg/día de proteínas cuando existe sarcopenia, priorizando alimentos y adaptaciones seguras

Una pauta sólida combina energía suficiente, proteínas diarias de al menos 1 g/kg, fibra cercana a 25 g, vitamina D y calcio, junto con horarios regulares. La hidratación debe ofrecer, como guía, 1,6 L al día para mujeres y 2,0 L para hombres, salvo indicación clínica distinta.

Una residencia bien gestionada apoya estos pilares mediante menús planificados, supervisión de ingesta, control de peso y registro de señales de alerta. Si hay disfagia, se implementan texturas seguras y vigilancia de la deglución conforme a estándares para ELEAM, que exigen protocolos de alimentación y cuidado integral.

Comer acompañado mejora la experiencia de la comida y la adherencia. Los programas de comidas compartidas muestran beneficios en ingesta y bienestar, además de oportunidades de vínculo social significativo para personas mayores.

Elegir un modelo residencial es también optar por una nutrición cotidiana guiada, segura y con sentido: compañía a la mesa, horarios estables, hidratación a tiempo y vigilancia de cambios. Para evaluar opciones, revisa los estándares de calidad y conversa con equipos que puedan explicar su protocolo alimentario y de seguimiento.